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lunes, 23 de abril de 2007

Idiotas

– Yo... no voy a salir corriendo aunque me abrumes...

Lo pienso. Realmente, salimos mutuamente corriendo una vez. No queremos estar ni cerca ni solas en el mismo lugar. Será porque nos ronda el mismo recuerdo.

Miro la foto de Andrea. A continuación, miro la foto de Gi. Es horrible gritar un nombre y que no te conteste ni tu eco. Es horrible saber que tienes heridas abiertas y que no sabes cuándo cerrarán.

– O el mundo nos toma el pelo o somos idiotas – pienso.

Abruma

Se entretiene leyendo un libro que le dejé. Trasladé mi casa a su nave, y llevé a ella todo lo verdaderamente importante.

Mientras, yo hablo con mi ingeniero Jose. Se empeña en que poniendo unos alerones a la nave irá más rápido. Discuto porque creo que el problema está en el motor. Nos lleva un rato. Siempre discutimos, pero no en el sentido malo de la palabra, más bien intercambiamos opiniones diferentes. Y así, crecemos.

Me quedo un rato mirando la basura intergaláctica. Mira que es sencillo reciclar y no hay manera con los marcianos.

Me indigno un rato.

– Capitana, ¿tú me entiendes?
– Perdona, estaba leyendo el manual de instrucciones de este trasto. No sé si te entiendo, no me has contado nada. Aunque creo que sí.

Soy idiota. A veces se me olvida que tenemos el mismo subconsciente. ¿cómo no iba a entenderme?

– En serio, no entiendo esta galaxia. Mi orden de prioridades es taan distinto. Y eso es taaaan agotador...
– Sí, es muy agotador ser diferente.

Me abstraigo un poco. ¡Malditos marcianos!

– Las capas de cebolla son una mierda –dice- si no has nacido con ellas, ¿por qué te las pones ahora?
– Tienes razón.
– Si buscabas a alguien que te entienda, la has encontrado.

No sé cómo lo hace, pero siempre tiene razón. No hay ningún punto en el que puedas dudar de sus palabras. Encierran la sabiduría suprema. Esa que tanto buscamos en el club 19.

Abruma. Por primera vez entiendo algunos retazos de mi vida. Es cuestión de verse reflejada, pero bien, sin grumos.

– Yo...no voy a salir corriendo porque me abrumes.

Lo digo tan bajito que apenas puedo oirlo yo...

Mi pulso emocional.

Surcamos estrellas como esculturas de Giacometti.

– Son impulsos emocionales. Lo que busco en mis viajes. Pero he estado tanto tiempo evitándolos que ahora, la verdad es que me abruman. Algunos días me pongo triste por no encontrar ninguno. Esto es como buscar setas, que hay muchas venenosas. Los días en los que me acuesto sin haber hallado ningún impulso emocional sólo tengo ganas de llorar.
– Te abruma la gente que te lo aporta. Lo buscas y al mismo tiempo, lo rehuyes.
– Sí, y me duele. Me duele encontrar una mina de oro emocional y no saber qué hacer con ella. Quizá no esté preparada.
– ... seamos humanos normales por un rato. Pondré la tele, a ver qué echan en GalaxiaTv.

No atina con el botón.

– No se enciende. No se enciende. Dale al jodido botón. No se enciende.

Le doy al “jodido botón”.

– Quizá nadie esté preparado para ser afortunado – pienso en voz alta – y siempre acabamos mirando hacia otro lado.

Vemos GalaxiaTv con desgana. El viaje está siendo tranquilo. No hay mucho tráfico intergaláctico. Pero hoy, hoy dormiré feliz.

Cuentagotas.

Els a los mandos de la nave interestelar de la abstracción.

Corta en trozos pequeños varios elementos: unas cuantas dudas, una pizca de seguridad, grandes dosis de ingenio, algo de resquemor, emociones y lo saltea todo con sentimientos. Mete la mezcla en una batidora intergaláctica. Yo observo el proceso para no olvidar las dosis exactas.

– Un poco de azúcar y hielo. Ya está.
– ¿qué haces?
– Un brebaje mágico. Te quitará algunas capas y te servirá para que no te marees en el viaje.
– Creo que no puedo tomar de esto. Los resquemores le sientan mal a mi organismo.
– Prueba un poco al menos, morena.

Pruebo.

– La verdad es que está bueno. Echaba de menos este sabor. Lo echaba tanto en falta... me gusta mucho.
– Es que está hecho con mucho amor. Nadie lo hace igual que yo en toda la galaxia.

Fue como volver a un estado anterior eufórico y psicotrópico que apenas recordaba. La verdad es que temía que a mi cuerpo le sentase mal, pero lo bebí igualmente. Aunque no del todo. Pero fue efectivo, por un momento volví a ser la persona que era.

Le expliqué cómo me sentía.
Se reía.

– ¿por qué te ríes?
– Yo me siento igual que tú casi siempre. Un consejo: cuando prepares brebajes, dale al que lo bebe justo lo que pide, no más. Si no saldrás perjudicada. Utiliza un cuentagotas si es necesario.
– Lo intentaré.
– Niveles de cmyk equilibrados. Arrancamos.

No sé. Me quedé pensando ¿me estaba dando justo la dosis que yo quería? ¿creía realmente que saldría perjudicada si me daba más? No sé. Quizá lo mejor es beber y punto.

La verdad es que el brebaje estaba ,muy bueno. Espero que lo vuelva a hacer pronto. Y así mis capas se derretirán al llegar al sol. Y con ellas, el miedo.

Aún me mareo al subir con ella a la nave (menuda copiloto estoy hecha...), pero cada vez menos.

Cada vez menos...

domingo, 15 de abril de 2007

Degradado

Es la primera vez que estamos Els y yo solas. Me siento un poco extraña. La condición natural es verla pegada a su mega nave nodriza, o lo que es lo mismo los mandos de su ordenador, peleándose con perspectivas interestelares, pantones asesinos y diseños posibles. Aunque últimamente está un poco perra, de hecho creo que interfiero en su trabajo, y, aunque juro no molestarla, a veces me pierdo.

(Me acaba de llegar un mensaje de ella: “Te cambio un tambor por un juego de dinosaurios”)

Hecho.

Bien, como iba diciendo, la condición natural de ella es esa. De Elsa es esa, de ella, Elsa, de Elsa, Els...Yo me siento al lado y me explica cosas de vectores y me pone música interesante y con clase. Ella murmura “no creo que clase sea la palabra” y continúa pilotando la nave, rozando asteroides que ponen en peligro el motor principal.

– Ese es mi asteroide, b612.
– Nadie se creyó que existía hasta que aquel turco se vistió elegante.
– Puedes venir cuando quieras.
– A la vuelta nos pasamos, pero antes, tendremos que tocar una trompeta.
– De acuerdo.

En mi labor de copiloto, echo gasolina a la nave. Son los libros de Calvin&Hobbes y otro montón más de reserva de otros personajes intrépidos; nunca se sabe si el repostaje se acabará antes de llegar a nuestro destino y hay que estar precavidos. También tenemos reservas alimenticias: toneladas de bizcochos de chocolate cortesía de las manos de la capitana y algún que otro caramelo Pez, cortesía de la copiloto. Helados de chocolate pincante y Kinder también, por si las moscas.

Para cambiar las marchas, está el bombero matriuska, que no es matriuska pero se lo cree, tiene un extraño complejo de desdoblamiento de personalidad y jura y perjura que alberga muchos como él en su interior. Incluso tiene forma de matriuska, lo cual ya es raro. A
veces se ofusca y lanza cabezazos a los playmobils. Pobre Car si viese semejante ataque.

Mi labor como copiloto consiste en estar alerta por si se queda sorda por el ruido del motor. Sería muy peligroso, podríamos caer en picado. Así que cojo el Orgasmatrón como diapasón y lo utilizo continuamente. Si no, cojo un tambor espacial hecho en otra galaxia que desactiva la parte frontal del cerebro para ensoñaciones e inspiraciones varias. Si no, me queda una tercera opción, tocar el tambor con el Orgasmatrón.

La galaxia es diferente según la perspectiva con la que la mires, es como las esculturas de Giacometti. De repente todas las estrellas son esculturas de Giacometti y Els apenas tiene tiempo de sortearlas. Estamos a punto de chocar en más de una ocasión:

– Rápido! Pantone cmyk 100!!! Tenemos que variar la órbita como en tu cuento, ese con el que ganaste una muñeca de trapo superfea!!!! Aumenta el grosor, y quítate capas, por favor, que vas echa un asco con tanto miedo encima. Máscara rápida, máscara rápida!!!!

Nos ponemos las máscaras rápidas para respirar mejor. Katiuska la matriuska, que venía en su cohete hiperespacial con su perro Chejov nos remolca: hemos perdido un ala, pero hemos sobrevivido contra todo pronóstico. ¡Por poco!

– Morena.
Morena...
Morenaaaa!!!!!

– ¿Qué? ¿qué?
– Que si has entendido lo del degradado y el calado.
– Ehh, a sí, sí, sí... ehhh, sigue sigue.
– Pues eso, entonces te vienes aquí y marcas el tipo de calado que quieres y blablablabla...¿qué piensas?
– Nada. Cosas mías.

Sí, lo había pillado a mi manera. Pero realmente lo había pillado. Y simultáneamente habíamos surcado los cielos de toda la galaxia.

Bendita abstracción.

Pantone

“¡la felicidad no me basta! ¡Exijo euforia!”
Calvin


–Dejar de pensar es complicado. Mejor me quedo con pájaros rojos. Me quedo con ojos rojos... Pero siempre ciento volando grgr manos pequeñas, no cabe pájaro en mano. ¡Malditas aves rapaces! A veces vuelven todo c:100 m:100 y:100 k:100... en Pantone se entiende la gente... Apología a la poética de la ausencia, si no llega, llegará.. Es la ley del sentimentaloide. Dejan así, a veces...Por eso el miedo a 100 puro = tremendo. Así de bestia sólo chocolate. Me muevo entre 0 y 100, Como Frank Miller. B/N. Contraste. Euforia. Disforia. No escala de grises. No decir nada es mucho más que decir mucho.

Kill Bill Vol.2

– Sé lo que te pasa. Y no pienses, es lo mejor.
– Sabes sólo una parte de lo que me pasa. Chincha.
– ¿cómo sabes que sé lo que te pasa y que sólo es una parte de lo que te pasa?
– Compartimos subconsciente, ¿recuerdas?
– Cierto.

Sabe cuándo me pasa algo sin que yo le diga nada. Yo también, aunque no nos veamos. Y lo sabemos e-xac-ta-men-te. Compartimos algo más que cerebro.

– Vale. No. Ahg. ¿por qué traes eso? ¿por qué yo llevo lo otro?

Oh, no. No,no,no,no.... te odio y no quiero volver a verte por esto, por no hablar de lo mal que lo has pasado con la persona con la que otra persona que tú ya sabes lo ha pasado mal también. No, no, no, no, nooooooo.... ¡fuera!

– ¿quedamos esta tarde?
– ¡Vale!

No. No vas a ser mi gemela aunque nos cosan. ¿Nos batimos en duelo al amanecer?

lunes, 9 de abril de 2007

La Camiseta del Playmobil.

Quisiera poder explicarte por qué me pongo tanto esta camiseta...

Anatomía de una tijera

Se levanta y va a buscar algo a su cuarto.

–Toma. Échale un ojo a esto.

“Esto” eran un montón de cuentos para niños y mayores que no quieren dejar de ser niños. Lleno de ilustraciones magníficas, y de historias aún más magnificas.

Me da un ataquito de placer. Al momento me abstraigo y me meto en el mundo de esos cuentos.

–Tengo más. Tengo un montón más, de hecho.

De hecho, me parece genial; nadar en la abundancia es un buen plan. Me detengo en uno de los suyos, de los suyos propios, de los que ha hecho ella.

“Anatomía de una tijera”

“La espera. Silencio.”


Flashazo. Se me viene a la cabeza aquella canción mía: “La ESPERA pondrá fin a tu esperanza, y, de nuevo, el SILENCIO” . Els habla de alguien que se llama PEZ, y recuerdo mi blog de “GENTE PEZ”, que más o menos venía a contar lo mismo que ella, y se esmera en definir el rojo, no como entendermos el rojo, si no como yo lo uso en mi libreta “ROJO”. Me resulta curioso.

Me asusto cuando leo y comparo.

ELS:
“Qué más da. Quedaremos como amigas de esas que a veces tienen sexo; pero puede que acabemos viviendo con nuestros maridos. Un día, dentro de muchos años, recibiré una llamada, oiré un lugar y una hora, y no necesitaré oír nada más. Sabré que eres tú, que te has comprado una moto con sidecar y que nos fugaremos a Nuevo México; nos cambiaremos los nombres y nos reuniremos con Telma. Entonces no me preguntaré cómo acabó nuestra historia, sino cómo vuelve a empezar.
Brindaremos por una nueva Madonna restaurada, y por los finales que vuelven a empezar.”


CHÁ:
“Avísame cuando le añadas un sidecar a tu moto. Cuando los extraños fundamentales dejen de ser extraños y se conviertan en aún más fundamentales. Déjame un mensaje de voz, un post-it en la farola de la esquina de mi calle o haz señales de humo. Dime hora y lugar. No hace falta que digas nada más, sabré que eres tú. Y entenderé todo lo que hace falta para coger la maleta y huir a Oklahoma contigo. Será Oklahoma porque siempre me gustó el nombre de ese lugar, desde que lo leí en ese libro que llegó a mi vida por casualidad y me marcó tanto, como suele pasar con las mejores cosas. Pero podemos cambiarle el nombre. Quizá pueda ser el nuevo b612. Quizá no necesite nada más que eso: tu compañía en un lugar extraño y alejado.

Haz que, por una vez, funcione el error de redundancia cíclica.
Haz que, el equilibrio sea posible fuera de la canción de Iván.
Sería un gran final no tener que hacer más preguntas.”


Els y yo tenemos un defecto, el de ser tremendamente idealistas. Y eso, en los tiempos que corren, equivale a ser idiota.

miércoles, 4 de abril de 2007

Capítulo 2: Someone "Els"

La primera vez que la vi estaba escribiendo algo indescifrable en una libreta, en medio del Playmobil Club. Quise acercarme, incluso tatuarme en el área de Broca esas palabras, fuesen las que fuesen. Pero tuve demasiado miedo a ella y a su libreta.

Suerte que ella no…

Al día siguiente estábamos en su casa hablando de Giacometti, de la melancólica muerte del chico Ostra, y del daño que le hizo A. y del daño que me hizo a mi también indirectamente, cosas de la vida…con una teta antiestrés entre las manos. Me enseñó su estudio, me enseñó su cohete espacial, y me enseñó muchas cosas que no podría olvidar a pesar de mi memoria pez. Magníficas fotos, magníficos diseños, magníficos dibujos…

Ahora vivo parcialmente en su casa, y cuando aparezco hace bizcocho de chocolate, me hace regalos geniales y me dice “morena”. Lleva mis pantalones y pega patadas por debajo de la mesa cuando se meten con mi cara-corticoide. No había recibido esa defensa a ultranza en todo este tiempo.

En julio se irá a Berlín a una Escuela de Diseño. Supongo que pasarán años hasta que la vuelva a ver. Sé que nadie es mejor que Els, yo no conocía ningún caso de…

Els provoca sinapsis a mil revoluciones por minuto.