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domingo, 12 de agosto de 2007

Con trocitos



Con trocitos de lo verde del jardín
hace enteras las mitades y las pega para mí
en montones de esperanza, en pedacitos de canción.
Si las coges me compones, eso es lo que creo yo.

Y con tanto y con tan poco, se hizo grande la ilusión,
se acercaron las distancias, dejamos clara la intención
de ser todo lo que somos, dos en uno y uno en dos...

Y es que tiene un corazón que no le cabe,
que se muere si le faltas,
que sólo entiende lo que dices si lo dices sin palabras.

Por eso siempre te persigue y sin pedirlo, te lo pide,
hasta se puede oir su voz haciendo tiempo en tus sentidos,
reinventando los motivos, y no sé decir, y no sé decir...

Con poquitos de las cosas que le di
hizo pequeños los males y los alejó de mí,
y aunque nunca fueron grandes, aunque jamás los entendí,
hoy los siento tan extraños que si me acuerdo sólo puedo sonreír.

Y con tanto y con tan poco, se hizo grande la ilusión,
se acercaron las distancias, dejamos clara la intención
de ser todo lo que somos, dos en uno y uno en dos...

Y es que tiene un corazón que no le cabe,
que se muere si le faltas,
que sólo entiende lo que dices si lo dices sin palabras.

Por eso siempre te consigue, y sin pedirlo te lo pide,
hasta se puede oír su voz haciendo tiempo en tus sentidos,
reinventando los motivos, y no sé decir, y no sé decir...

algo que suene con sentido, te pregunto y tú no has sido,
aunque adivino tu intención,
y sé que todo esto ha pasado porque estabas a mi lado
y me has traido esta... me has traído esta canción...
y no sé decir que no.

Yo te lo cuento y tú no me crees,
cierra los ojos, dime qué ves.
Ya irás saliendo de dónde estés,
vete un ratito, vuelve después.

Y yo te cuento y tú no me crees,
cierra los ojos, dime qué ves.
Ya irás saliendo de dónde estés,
vete un ratito, vuelve después.


(Con trocitos, Maldita Nerea)

miércoles, 30 de mayo de 2007

Veo, veo...

Veo, veo
por fin me recupero
de ciertas cegueras sordas.

Veo, veo...
¿tú qué ves?
A mí no, desdeluego.

Tú no existes

Previniéndome de tu prepotencia se me antoja mandarte a la mierda.
Astrud lo sabe:

Tú no existes.
(you look so fuckin’stupid)

Palomitas

Extranjeros homónimos de los pasados inciertos incentivan una ligera casaca de ideas que, refiriéndose a cualquier tipo de memoria que esté por llegar, no ven nada claro ni bueno en el hecho de que aparezca tu idiota mirada en un recordatorio vejado por el tiempo.

Vete a hacer palomitas.

No me lo puedo creer.

No me lo puedo creer.
Aún estás así
vestida con trozos de algo
parecido a lo eterno.

No me lo puedo creer.
Todo el mundo vaticinaba
que después de dos o tres días
de explosiones en secreto
la curvatura clásica de un espasmo
nos haría abandonar.

Pero tú
aún estás así
vestida con trozos de algo
parecido a lo eterno.

Y cada vez más largo
tu traje se extiende a lo ancho
de las risitas
deportando ligeramente cual latigazo
las risas irrisorias prepotentes
de la duda.

No me lo puedo creer.
Pero supongo
(y, corregidme si me equivoco)
que os ha debido doler.

El post-it.

Un post-it que se medio despega
por el vapor de agua
pervierte la poética visual
del cuarto de baño
con su amarillo fluorescente.

Amatista sideral entre gamas de azul de gemas oxidadas.

Sólo estoy chupando tinta.

Como el post-it.
Se extiende el negro y deforma las letras
que se ramifican como árboles
por la clorofila.

Aún así, se entiende claramente
que en el post-it húmedo de adversidades
está escrito con una grafía algo tímida
pero bastante viva
un te quiero.

Estalactitas.

¿Estalactitas?
¿Estalagmitas?

Si te quedas puedo fracturar el tiempo
con fuerza sonora entreabierta.

Acústica en el tercer entreacto.
Pasatiempos.

Es certero.
A ciencia cierta juego con las sombras
de las diferentes
tonalidades
de naranja.

Hay varias.
Desvarían.
Sé que existe el TOC perfecto
en la combinación de las múltiples simetrías y destrezas
que forman tu contorno.

Frecuencia modulada.
Cada cierto tiempo se vuelve inútil echarte de menos.

Existes invisible como las burbujas de oxígeno en una estalactita.
Imperceptible
pero distribuida por toda la superficie
de arriba a abajo
de abajo a arriba
entre el zig zag de las estalagmitas.

Espacio...

Es espacio en el que esparcirse.
Las cortinas vuelan por detrás de la ventana.
Huele a un tipo de templanza unido a las entrañas.

Debería echárselo en cara a las dos latas de Aquarius.
Hay pequeñas partes que se chocan indistintamente.
Por instinto, se protegen.

Forman parte de algo nuevo.
Se escribe con otro modelo de abstracción
Más puntiagudo.
Como más cercano al olor de un jazmín.

Es extraño, debo reconocerlo.
Pero adictivo.
Excitante.
Fresco.

Lleva dibujado un beso.

Cuando pronuncio tu nombre
Cada letra
Es espacio en el que esparcirse.

domingo, 20 de mayo de 2007

Contigo

Su pierna ejerce una ligera presión justo encima de mis rodillas. Mueve los dedos de los pies con un ritmo irregular y de paso me hace cosquillas. Pronto llegará junio y, aún así, me tapa siempre que puede.

Suerte que aguanto bien el calor de su nórdico, sus dos mantas y su pierna.

Me tapa y se destapa tapándome. Es ella la que pasa frío y se destapa. En mi diccionario mental aparece una nueva acepción al lado de la palabra “empatía”:

“Empatía: Cuando ella duerme y se destapa por taparme.”

Lo hace inconscientemente, como el resto de las cosas. Y eso me obliga a no pensar, simplemente observar, jamás podré establecer secuencias lógicas porque no utiliza mecanismos recurrentes.

Así pasa el tiempo, inventando nuevas acepciones para las palabras que creía cerradas de significado.

Sin darse cuenta.

Pero olvidé que las palabras se cargan de significado según el contexto.

Como yo.

No hay razón lo suficientemente convincente para que ahora esté aquí. Y eso me mueve a quedarme. Porque estoy cansada de las razones convincentes, y de que siempre sepa lo que va a pasar mañana.

Se gira. Roza mi nariz con su nariz. Una vez más, me hace cosquillas con alguna parte de su cuerpo.

Creo que me ahogo por respirar el dióxido de carbono que escapa de sus pulmones. Es caliente y húmedo. Lo respiro un poco más antes de separarme un poco para enfocarla.

Me parece más guapa de lo que pensé en un principio.

Intento taparla con la mano que me queda libre.
A duras penas, lo consigo.

La miro. Y a veces pienso que no necesito nada más por hoy. Sólo mirarla. Durmiendo. Tan cerca. De repente abre los ojos. Sabe cuando la estoy mirando. Abre los ojos y clava lo más profundo de su esencia entre las pequeñas manchas de melanina de mi iris. Vuelve a cerrar los ojos.

Es como una dosis de MDMA.

Recupero el aliento.

Rozo hiperestésica sus mejillas con mis labios. Está perdida, pero me sigue. A la deriva poco importa preguntarse el por qué.

No sabemos dónde vamos. Si da un paso a la izquierda, yo doy un paso a la izquierda. Si avanzo un metro o dos, ella avanza un metro o dos. Lo importante es seguirnos, buscarnos por los escondrijos más tenues de una duda.

No te esperaba.
No esperaba nada y me sorprendo a tu lado.
Como un motor o una válvula de escape, creo que sumergirme en lo que eres me reconforta.
En medio de chispazos y de una gran fuerza he conseguido encontrar la calma.

Da igual lo que ocurra si acabo tendida aquí, contigo haciéndome cosquillas y destapándote por taparme.

Contigo.

Pan y mofa

Lo que no es tu mirada y no es mi mirada no existe.
Me da igual si es retorcido encumbrarnos en el primer intento.
Sonatas de lascivia y cartón piedra.

Pan y mofa.

Me río de la vida con forma de reloj de arena.
Resulta tan cansado no absorber la luz difusa
Como girar al ritmo de un sacacorchos.

Tira la botella por el balcón.

La luna

Déjame escucharte.
Déjame la luna.
Yo no puedo prometerte protagonizar un susto.
Ni un cuento de los que la princesita era rescatada.

Me dan asco las perdices.

Y preocuparme demasiado por lo poco que rozamos la perfección sería de idiotas.
Rozamos lo irrisorio.,
Rozamos la luna.
Nos rozamos.

Seamos consecuentes con la pérdida de tiempo.
Todos estos años, buscando el sentido de la vida en cualquier piedra.
Abandonémonos como selvas
En un espacio abierto a la luna.

No podrán decir que somos algo que desear de vez en cuando.
Seguro que se encomiendan a algún santo al grito de “Dios nos libre”.

Y qué.
Si ellos se lo pierden, qué me importa.
Nunca serán tan fuertes como lo que sentimos al mirarnos.
No envidies a la luna, la fuerza deriva de la marea.
Somos marea.
A la deriva.
Jamás he estado más a gusto en la incertidumbre.

Tan fuerte como lo que sentimos al mirarnos.

Insomnio

Estratosférico aliento.
Boca enferma o ávida, según el día.
Perspectivas de lo vivido.
Esto ya ha pasado.

Algo habrá debajo del rojo.
Tal vez un plátano con tirria al amarillo.

Insomnio.
Llena estoy de algo confuso que no sabría explicar sin la mirada abstracta.
Lo que no es tu mirada y no es mi mirada no existe.
Esto son mis planes de futuro:
Romperme la cabeza con una sinestesia.
No pensar con la boca.
Esperarte en la puerta de un lúgubre bar siete minutos.
Sorprenderme de lo poco que te esperaba.
Siete minutos.

Algo habrá debajo del rojo.
Tal vez un plátano con tirria al amarillo.

Anhedonia

Justo cuando dejo la cocina me cuesta explorarme. Justo cuando es justo hacerlo, olvidé la procedencia de un suspiro. He buscado demasiado todo este tiempo encerrada en una idea demasiado escasa de naranja. He acabado en las retinas argénticas de cualquier deseo.

Nunca he estado tan quieta después de impulsarme al vacío, y, aún así, creo que no puedo pensar nunca más que existe el miedo. Porque sólo excavo en los ojos abiertos. Créeme, había olvidado lo que era usar palabras.

Y no lo eché de menos ni un momento, no sé por qué he de hacerlo, si así todo está bien.

Hacemos las cosas al revés.
Y, no creo que a nadie le importe.
Tal vez hallamos muerto o estemos a punto de soplar.
Pero no me pienso quedar para averiguarlo, y más cuando tengo una maleta con ruedas.

Ya no existo más allá de ahora.
Nunca he sido más inerte en mi anhedonia y, aún así, no me siento atrapada.
Es cuestión de anestesiar los sentidos.

El billete

Guarda el billete de ida y tira el de vuelta en la primera papelera de la esquina. Durante un escueto secreto, cierra los labios y cómete las ganas de odiar. Encierra justo lo que sepas que no es necesario archivar.

Drógate.

Duda un poco de la dirección del viento y lanza tus gafas al mar. Bucea de canto cuantas veces sea necesario para acatar las órdenes de un futuro espasmódico.

Despierta. No has hecho nada verde.
Descansa con el móvil entre las piernas por si llaman precisamente ahora.
Cuando ya no quieres saber más.

Vuelve a la papelera de la esquina. Busca el billete de vuelta. Durante un profundo vacío, abre los ojos y bébete las ganas de arreglarlo. Escapa con lo que desconozcas.

Piérdete.